EXTINCIÓN DEL USO DE LA VIVIENDA FAMILIAR POR CONVIVENCIA CON OTRA PERSONA

    Isabel Batalla
    gastos de hipoteca

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    En los procedimientos de separación y divorcio la atribución del uso del domicilio familiar a quién tiene la guarda y custodia ha sido un pronunciamiento jurídico muy protegido por la legislación y la jurisprudencia a lo largo de los años, circunstancia que ha suscitado mucha polémica.
    Tradicionalmente cuando una sentencia acordaba el uso de la vivienda a favor del que ostentaba la guarda y custodia se mantenía hasta la independencia económica del último de los hijos. En la actualidad el criterio es que este uso se limita a los 18 años de los hijos.
    Este uso se mantenía independientemente de que la persona que tenía la guarda conviviera con una nueva pareja, incluso aunque se casara. Los abogados apelábamos al sentido común cuando concurría este supuesto, sin embargo no estábamos amparados por la Jurisprudencia que de forma constante se pronunciaba en el sentido que el derecho de uso se acordaba en consideración de los hijos menores y en prevalencia a su interés.
    Pero en la actualidad la nueva Jurisprudencia del Tribunal Supremo reitera que el domicilio familiar pierde tal carácter cuando sirve a otra familia distinta, por lo que no puede mantenerse el uso una vez probada la convivencia estable en la misma del progenitor no custodio con un tercero.
    Esta Jurisprudencia reciente ofrece pautas para que la nueva situación no perjudique el interés de los hijos menores de edad, teniendo en cuenta que dentro del concepto de alimentos se integra el de proporcionarles vivienda a los hijos menores, además también se permite la permanencia en la vivienda por un tiempo prudencial tras el cual cese el uso de la misma.
    El procedimiento adecuado es el proceso de modificación de medidas de divorcio y el motivo es el cambio de circunstancias alegado por el demandante consistente en la convivencia en la vivienda familiar de la nueva pareja de la demandada.
    Obviamente nos encontramos en los juzgados con un problema de prueba, pues debe acreditarse que esa convivencia es más o menos estable y permanente y son muchas las argucias de contrarios para desmentir esa convivencia: razones como la amistad, relación esporádica, convivencia intermitente. La prueba más habitual suele ser el interrogatorio de testigos, a ser posible vecinos y mucho más contundente es el informe de un detective que acredite la convivencia.

    Fdo. Isabel Batalla